CIERZO
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Noche de otoño precoz.
La gente ignora al pasar...
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Con paso pequeño, camina a mi lado,
cual gacela muy breve.
Sus manos tiritan de frío;
su rostro se queja del céfiro.
La mirada al suelo,
el cabello al viento, revuelto;
su cuerpo, aterido, roza mi cuerpo,
y siento, su temblor dentro.
Mi brazo rodea su talle.
Mi cuerpo, lo ato a su cuerpo.
Quisiera exhalar mi aliento,
y en un último suspiro,
mitigar su helor.
Pudiera, mi sangre caliente,
traspasarle dentro
y entregarle el calor.
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Qué importa!, si a otro anhela!
Qué importa!, si no soy su dueño!
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Con el amor que anida en mi pecho,
su corazón quisiera encender;
y por siempre resguardarlo
del azote del gélido cierzo.
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M.A.A.M.
(10-91)
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